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  • Alpinismo invernal en el K2: Urubko y Wielicki

    Fuente: El País

    15/03/2018

    La historia del alpinismo rebosa de ejemplos similares donde los alpinistas cuestionan a los líderes de sus expediciones, donde chocan egos, se suceden las traiciones y el egoísmo campa a sus anchas y no pasa nada, o casi nada, siempre que se obtenga la cima. Porque no hay que olvidar que el alpinismo, en última instancia, siempre ha mirado con buenos ojos a los locos geniales y transgresores, a todos aquellos que se saltaron las normas para alcanzar una cima. Pero en este caso, nadie, ni siquiera Urubko, ha llegado a oler la cima del montaña: K2">K2. Para empezar, ni siquiera se han puesto de acuerdo en definir las fechas del invierno: si Urubko se rige por el calendario local, el invierno finaliza el 28 de febrero. Un mes después para el resto de sus compañeros polacos, que siguen nuestro calendario. Quizá esto explique que Urubko se escapase del campo base a la francesa, sin mediar palabra, sin radio ni compañía y decidido a intentar su K2 invernal antes del 28 de febrero de 2018. Alcanzó los 7.600 metros y renunció espantado por el mal tiempo. El resto lo ha ido desgranando en su blog, señalando la que a su juicio se ha revelado como una estrategia errónea dirigida por Wielicki y el mal ambiente que ha reinado en una expedición en la que, dice, se ha sentido marginado.

    Por su parte, Wielicki no ha dicho gran cosa, aunque en su manera de actuar siempre ha prevalecido un deseo: que nadie muriese intentando escalar el K2 en invierno. El 2 de marzo decidió cancelar la expedición para “garantizar la seguridad de sus integrantes”. Hace justo cinco años, el himalayismo invernal polaco vivió, el mismo día, un hito histórico y una tragedia que todos se niegan a olvidar. Adam Bielecki, Artur Malek, Maciej Berbeka y Tomasz Kowalski lograron la primera ascensión invernal del Broad Peak. Los dos últimos desaparecieron durante el descenso y la pérdida fue muy criticada en Polonia, tanto que el Club Alpino obliga desde entonces a los integrantes de las expediciones que subvenciona a firmar un documento por el que se comprometen a obedecer al líder.

    En 2013, en el Broad Peak, Bielecki alcanzó la cima mucho antes que sus compañeros y, asegura, pidió a sus amigos rezagados que renunciasen y bajasen con él. No le hicieron caso. Antes, el éxito de un integrante era el éxito de una expedición y, al menos los polacos, evacuaban la montaña para evitar desgracias cuando se cumplían los objetivos. Se escalaba en nombre del país, y esto solía bastar (a veces) para sepultar egos. Dos días después de regresar al campo base, Urubko hizo las maletas. Ni le querían ahí ni deseaba respirar el ambiente empobrecido al pie de la montaña.

    Los tiempos han cambiado, y puede que la figura de un líder resulte anacrónica y que la prudencia, o el deseo de controlar todas las variables del peligro choque con la idea de un K2 invernal. Puede que este reto exija solistas iluminados sin el corsé de una disciplina y un método concreto, pero el caso es que el desafío sigue sin resolverse y hoy se ríe de la imagen de sus últimos aspirantes, incapaces de ponerse de acuerdo.

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